TEORÍA DEL VÍNCULO SOCIAL DE JACQUES LACAN. Por: Jaime Carmona
El discurso es la unidad mínima de análisis que Lacan propone para pensar los vínculos sociales. Lacan define el discurso como: “Una estructura necesaria que excede con mucho a la palabra (...) que en realidad puede subsistir muy bien sin palabras. Subsiste en ciertas relaciones fundamentales. Mediante el instrumento del lenguaje se instaura un cierto número de relaciones estables en las que puede ciertamente inscribirse algo mucho más amplio, algo que va mucho más lejos que las comunicaciones efectivas. Estas no son necesarias para que nuestra conducta o eventualmente nuestros actos se inscriban en ciertos enunciados primordiales”.
Un vínculo social implica la existencia de dos términos uno de ellos interpela al otro, el que toma la iniciativa, está en posición de “agente”, el papel dominante, al menos en el sentido de incidir sobre el otro. El otro término es un otro. Según Lacan, habría cuatro modalidades posibles de colocarse en el lugar del agente. Gobernar (S1), educar (S2), analizar (“a”) y “hacer desear” ($). Todo vínculo social está determinado por una imposibilidad estructural, en el sentido que se dice que es imposible gobernar, analizar, educar y hacer desear.
El ser humano no es, sino en la medida en que es representado. En el mundo de los humanos no hay otra posibilidad de vincularse con los otros que no pase por un sistema de representaciones. Los significantes, no existen aisladamente, sino que siempre se encuentran en rede, las cuales están en relaciones con otros significantes y con respecto a los cuales adquieren un valor por lo que los diferencia de los demás, Lacan define al sujeto como “representado por un significante para otro significante”. El orden social es un orden significante y sin el significante no hay ordenamiento social posible.
La operación significante, tiene varias implicaciones de las cuales aquí solamente vamos a tratar de desarrollar dos. La primera el sujeto es, un sujeto dividido entre la representación y lo representado S1/$; en otras palabras, entre el significante (S) y el significado (s): S/s. La segunda la constitución de la subjetividad humana en el orden significante no es una operación exacta, sino que deja un residuo que va a funcionar como un referente fundamental para el deseo del sujeto.
Para comprender esto nos referimos a la lingüística. Desde Ferdinand de Saussure. Este autor propone que el signo lingüístico se puede descomponer en dos dimensiones que serían como las dos caras de una moneda: el significante y el significado. El significado sería el contenido ideativo y el significante sería la dimensión material, la imagen acústica; en una palabra, el sonido. Para elaborar su formulación sobre el sujeto, Lacan invierte el algoritmo de Saussure y propone que la barra que separa al significante del significado es la barra de la represión. El sujeto que se funda como representado por un significante para otro significante es, un sujeto del inconsciente, en la medida en que queda debajo de la barra de la represión. Ya sabemos, desde Freud, que todo lo reprimido, por definición, es inconsciente (aunque no todo lo inconsciente sea reprimido).
El lenguaje es un cuerpo vivo de saber, una estructura significante organizada que posee una historia, una cultura, unas tradiciones, unas técnicas y unas artes. Esas leyes que mencionamos operan a nivel inconsciente y producen el efecto, ya referido, de dividir la subjetividad en dos escenarios, uno que corresponde con ese significante que es el nombre propio y otro escenario que sería el sujeto del inconsciente. El sujeto del inconsciente seguirá operando como una verdad no sabida y así el significante que representa a un sujeto para sí mismo y para los demás significantes puede decir lo opuesto a su deseo inconsciente. El sujeto del inconsciente ($) es un efecto de la inclusión del humano en el lenguaje, y tenemos noticia de él a partir de unas formaciones como el síntoma, el lapsus y el sueño, producciones son marginales respecto del yo, que es el que se instala en la dimensión subjetiva correspondiente al nombre y a los apellidos. El yo es el que puede decir “yo me llamo Fulano”, no así el sujeto del inconsciente. El sujeto del inconsciente, se manifestaría en aquellos lapsus, los sueños, contradicciones, etc.
La otra consecuencia, que se refiere al residuo de la operación, un significante, como el nombre propio, captura a una persona y le da un lugar en el mundo, mediante el nombre se captura parcialmente a esa persona y hay algo que queda por fuera, aquello del viviente que no es susceptible de ser atrapado por el lenguaje. A esa dimensión Lacan la llama “objeto a” o simplemente “a”, minúscula.
El “objeto a” puede ser leído como: “residuo”, “resto”, “plus”, “plus de goce”, pero también “falta de goce”, “objeto causa del deseo” o “falta de objeto”. Se trata de una dimensión de la condición humana que es más radical aún que el mismo inconsciente. Ésta, a diferencia del inconsciente, no es una dimensión palabrera, aunque algo de ella logra ser capturada por la palabra y allí donde ello ocurre se le encuentra más frecuentemente asociada con las formaciones del inconsciente.
El goce opera como un principio desorganizador, opera en el mismo sentido que la pulsión de muerte. El goce, por definición, es mortífero y se hace más palpable en aquellos cuadros clínicos en los cuales asistimos a un proceso autodestructivo en el que las posibilidades de simbolización son especialmente limitadas, como las toxicomanías, los cuadros psicosomáticos y algunas formas de la anorexia y la bulimia. Las manifestaciones del goce en el campo de lo social se pueden encontrar en las guerras, los procesos de destrucción del tejido social, la devastación de los recursos que garantiza la vida en el planeta, etc.
La concepción lacaniana del sujeto no admite una definición metafísica de sujeto, sólo admite pensar al sujeto en función de su relación con el otro, gracias al universo significante. En este sentido, la formulación lacaniana de los cuatro discursos sigue el espíritu de la posición de Freud en el texto Psicología de las masas, donde declara categóricamente que la oposición entre psicología individual y psicología social es una falsa oposición y agrega que “desde el comienzo mismo, la psicología individual es simultáneamente psicología social”.
El “S1” es el significante amo: posición de poder respecto a los otros.
“S2” es el significante del saber: el otro significante al cual se remite el S1. El “S2” es el significante que representa a la batería de los demás significantes sobre la cual incide el “S1”, que representa al sujeto, una red significante en la cual los significantes están organizados conforme a leyes, un universo significante con una historia, una tradición, unas técnicas, unas artes y unos saberes que pueden estar articulados bajo la forma de mitos o ficciones científicas.
“$” es el significante del sujeto dividido: no se debe confundir con el yo. Se trata del sujeto del inconsciente que opera como verdad reprimida. El sujeto no aparece allí donde el yo gobierna, sino justamente donde no es el amo de su propia casa, donde aparece la anomalía.
“a” es el objeto causa del deseo: es lo que no alcanza a ser capturado por ese orden simbólico. Este resto de real tendrá esa doble condición del desperdicio y de lo precioso, y allí donde se haga inminente su presencia será objeto de horror y fascinación.
Así, la fórmula completa de la constitución de la subjetividad queda así:
Hay un significante amo en el lugar del agente del discurso, representa a un sujeto del inconsciente que opera como verdad reprimida del mismo, ante otro significante: el significante del saber que es la batería en la cual están organizados los demás significantes. El producto de esta operación es un objeto que, justamente por faltar, causa el deseo: el “objeto a”. Este es el primero de los cuatro discursos propuestos por Lacan para pensar los vínculos sociales, y, según el autor, el más arcaico.
Como el amo feroz que difiere radicalmente del ideal humanista y que Freud describe en su Malestar en la cultura, así: “El Ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. En consecuencia, el prójimo no es solamente un auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo”
En síntesis: primero, no hay sujeto sin otro. Segundo, el sujeto no tiene una relación directa con sus otros en el campo social; esa relación está mediatizada por un universo significante. Tercero, para dar cuenta de la subjetividad humana se requieren por lo menos cuatro significantes: el S1 o significante amo, el S2 o el saber, el $ o el sujeto, y el “a” o el objeto causa del deseo. Cuarto, todo vínculo social supone por lo menos la existencia de cuatro lugares: el del agente, el otro, la verdad y la producción; y, quinto, la primera articulación de la subjetividad humana toma la forma de un discurso de amo, en el cual el significante amo (S1) está en el lugar del agente, el saber (S2) en el lugar del otro, el sujeto ($) en el lugar de la verdad y el objeto “a” en el lugar de la producción.
Lacan propone tres discursos más para pensar los vínculos sociales, los cuales se obtienen a partir del discurso del amo, rotando los cuatro significantes en juego en el sentido inverso a las manecillas del reloj. Estos son: El discurso universitario, el discurso de la histérica y el discurso del psicoanálisis.
Los cuatro discursos propuestos por Lacan se relacionan con tareas y funciones imposibles, como ya lo mencionamos; tres de ellas, recordémoslo, habían sido mencionadas por Freud: gobernar, educar y analizar. La cuarta, que agrega Lacan, es “hacer desear”. Los agentes de estos discursos, el significante amo (S1), para la tarea de gobernar; el saber (S2) para la función de educar; el objeto causa del deseo (“a”), para el vínculo analítico; y el significante de la división subjetiva ($), para el vínculo que tiene como tarea imposible hacer desear.
Vamos a hacer un comentario sobre cada uno de los cuatro discursos, partiendo de los significantes mencionados:
EL DISCURSO DEL AMO
Es parecido a algunos de los rasgos del amo de la antigüedad. La humanidad no ha podido prescindir de la función de amo para mantener su orden.
“S1” en el lugar del agente. Ejemplos: el padre, el gobernante, el patrón, el general. El amo moderno, a lo sumo, opera como un representante del otro, que en últimas, en nuestros estados modernos es, por excelencia, el derecho. La lógica propia del vínculo es la del que ordena, tanto en el sentido de dar órdenes, como en el sentido de establecer un orden. Toda organización humana requiere un mínimo de función de amo.
“S2” en el lugar del otro. El “otro” es el siervo, el amo no lo reconoce como a un igual. El siervo es “otro” que está en una condición de instrumento al servicio de la voluntad de goce del amo. Un buen siervo se define por su saber de hacer gozar al amo. Por ello el significante que utiliza Lacan para nombrar al siervo es el “S2”, que es el significante del saber.
“a” en el lugar del producto. El goce es el producto del vínculo en el cual un amo ocupa el lugar “dominante” de la operación, en el sentido más literal, mediante la sumisión del otro, otro en condición de objeto de goce. El goce, en este caso estaría asociado con el reducir al otro a la condición de un desecho y, finalmente, desecharlo.
“$” en el lugar de la verdad. La verdad del amo es su propia castración. Es decir, allí donde se exhibe un exceso de plenitud, certeza y poderío, merced a su capacidad para someter al otro, lo que está operando como verdad es todo lo contrario: una inconsistencia fundamental, una incertidumbre y una impotencia que son recubiertas de fuerza.
La verdad del vínculo social que hemos denominado “discurso del amo”, es que se trata de una propuesta insostenible. En otras palabras que todos los imperios tienen su ocaso, que los reyes también mueren, que no hay poder infalible.
EL DISCURSO UNIVERSITARIO
Es el momento en el que el saber se coloca en el lugar del agente y se inaugura lo que Lacan llama el Discurso Universitario.
“S2” en el lugar del agente. Lacan dice que el discurso universitario no es otra cosa que una versión moderna del discurso del amo. Es decir, los amos no desaparecen con el nacimiento del estado de derecho, simplemente se modernizan. Otras versiones del saber (S2), como agente del vínculo social son, por excelencia, la ciencia y las instituciones educativas; y, por supuesto, la tecnología que produce aplicaciones industriales del saber de la ciencia.
Lacan dice que la filosofía es la responsable de esta expropiación gracias a la cual el saber pasa del lugar del esclavo al lugar del amo. Según el autor, la filosofía es la primera forma de saber amo que se conoce. El amo antiguo apelaba a su fuerza y a la divinidad. El amo moderno apela al saber y a la racionalidad.
Entonces, el nacimiento del discurso universitario tiene que ver con tres revoluciones: una revolución epistémica que funda una nueva forma de saber como la ciencia moderna, sería la revolución copernicana; una revolución política, cuyo emblema es la revolución francesa, que da lugar al nacimiento del estado de derecho democrático liberal; y una revolución económica, que riñe con las relaciones amo-siervo y da lugar al nacimiento de un nuevo modo de producción que es el capitalismo. Según Lacan, el movimiento que da lugar a estas tres revoluciones nace hace cinco mil años en Grecia, con la filosofía.
En el campo de los vínculos cotidianos, los emblemas del discurso universitario serían los intelectuales, los docentes de todos los niveles, los periodistas, los religiosos... etc.
“a” en el lugar del otro. Si el saber es el agente, el “otro”, lo que hemos llamado su partenaire, por definición está bajo el signo de la ignorancia. La “a” en este caso se puede leer en su literalidad como un lugar vacío.
“$” en el lugar del producto. Esta operación mediante la cual un saber organiza un grupo social inevitablemente produce un malestar, o muchas formas de malestar. Los sujetos sociales que encarnan el malestar, es decir el producto sintomático de la operación social ($) son los locos, neuróticos, los delincuentes, los marginales (prostitutas, trasvestis, indigentes, desplazados, delincuentes, etc.).
“S1” en el lugar de la verdad. La verdad es que el amo no ha desaparecido, solamente se ha modernizado y el aspecto fundamental de esa modernización es el ocultamiento.
DISCURSO DE LA HISTÉRICA
El “histérica” no tiene la connotación restringida de lo patológico sino la acepción amplia de aquello que “suscita el deseo” y pone en marcha la producción de saber. Su deseo se organiza en función de hacer desear a un “otro”, que sitúan en el lugar de un amo; pero su estrategia no está en función de sustituirlo, sino de hacerlo desear de hacerlo saber.
En la modalidad de vínculo social que Lacan denomina discurso de la histérica, el deseo que está en juego pretende provocar, a partir de la propia falta ($), desde la propia inconsistencia, para hacerlo desear y poner ese deseo en función de la producción de saber.
“$” en el lugar del agente. El agente del discurso de la histérica es el sujeto sintomático. Es decir, el producto del discurso universitario. Los que interpelan al poder, interrogándolo, denunciándolo, socavándolo, incluso atacándolo, sin pretender oponerle otro pode. Podemos interpretar algunos movimientos artísticos y sociales en el sentido fuerte de la palabra, pero también fenómenos sociales modernos como las llamadas tribus urbanas, las subculturas de consumidores y traficantes de drogas ilícitas, los grupos satánicos, ciertos movimientos contestatarios que se articulan en torno a algunos géneros musicales.
“S1” en el lugar del “otro”. El otro, interpelado por el agente del discurso de la histeria es un significante amo: un representante, un símbolo, una institución, o el orden social mismo.
Por ello es que Lacan dice, a propósito del discurso de la histérica: “eso es lo que vemos actualmente, la ley puesta en cuestión como síntoma”. El amo puede estar representado en la religión, la moral, la legalidad, o ciertos valores que pueden operar en un grupo social como significantes amo, es decir, como ideales tiránicos: el orden, el progreso, la normalidad, el éxito social, la salud mental, la ley.
“S2” en el lugar del producto. El saber es el producto del discurso de la histérica. Lo que mueve el avance en el saber son los nuevos fenómenos que perturban el orden tradicional de las instituciones y del conjunto social, es decir, los síntomas que agujerean al amo y operan como enigmas que ponen en marcha las empresas científicas.
“a” en el lugar de la verdad. La verdad que está en la base de esta modalidad del vínculo social que Lacan denomina “el discurso de la histérica” es el goce. El goce en el discurso histérico es un goce perdido, del que algo se recupera por la vía de la palabra.
EL DISCURSO PSICOANALÍTICO
Es una nueva modalidad de vincularse con el otro, un nuevo discurso, que se funda con la práctica analítica donde un analista no es para un analizante un amo, ni un maestro, tampoco su función es seducirlo en el sentido de suscitar su deseo.
“a” en el lugar del agente. Renuncia a gobernar (S1) al Otro y, a colocarlo en posición de un instrumento al servicio del propio goce. Renunciar a pretender tener el saber (S2) que al otro le hace falta y, en consecuencia, desistir de la tentación de adoctrinarlo, concientizarlo, reeducarlo, en fin, llevarlo a “buen puerto”. Y, renunciar a vincularse con él a partir de la exhibición del propio síntoma ($), para ponerlo a producir saber.
$ en el lugar del otro. Interpelar a un “otro” desde el lugar de este objeto particular (“a”), implica colocarlo en el lugar del sujeto al que este objeto divide: (“$”).El otro que es interpelado por el agente del discurso psicoanalítico es el sujeto del malestar en la cultura, el sujeto que con sus síntomas denuncia que algo en la cultura no anda bien, el sujeto que puede articular su malestar bajo la forma de una pregunta.
“S1” en el lugar del producto. La producción en todos los discursos la hace el “otro”, pero es impensable sin la incidencia del “agente” sobre él.
Lo que se espera como efecto de la operación analítica es que el sujeto produzca su propio nombre. Hacer consciente, lo inconsciente significa apropiarse de un saber que no se sabe, pero que es un saber propio. Producir el propio nombre se puede entender también en el sentido de articular una respuesta original y acorde con el propio deseo a la pregunta por el ser. El discurso del psicoanálisis no se espera que produzca placer, ni goce, tampoco se espera que el psicoanálisis produzca otros síntomas.
El producto del discurso del psicoanálisis es un significante amo, sí, pero que tiene una particularidad que es producido por el sujeto mismo y que es congruente con su propio deseo.
“S2” en el lugar de la verdad. Es un mito. El mito, tiene la virtud de filtrar la verdad bajo la forma de un medio decir.
El saber hacer del analista y el saber abstenerse del lugar del amo, del pedagogo o del amado, implica saber que sobre la verdad particular de la relación de cada sujeto con la sexualidad y con la muerte no es posible saber, a priori, ni llegar a saberlo todo; y que, por lo tanto, ese saber es siempre un saber que sólo puede ser construido por el sujeto mismo en la experiencia analítica.
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