jueves, 17 de noviembre de 2011

Lectura - El psicoanálisis es el reverso de la ciencia.


La ciencia responde a lo real del organismo humano con lo real de la ciencia, así por ejemplo, la ciencia opera al hermafrodita y lo inyecta con hormonas para decidir su sexo. El psicoanálisis se plantea como el reverso de la ciencia; él se dedica, en lugar de intervenir al sujeto en lo real, a escúchalo, para saber cuál va a ser la posición subjetiva y sexual, aquella por la que va a responder. La ciencia también se dedica a ubicar la causa de, por ejemplo, la homosexualidad, en los genes o las hormonas. Para el psicoanálisis, en cambio, la homosexualidad ni es una flaqueza, ni está determinada por la naturaleza, así existan sujetos que se sientan débiles y culpables por ser homosexuales, y así existan teorías naturistas y positivistas que ubican su causa en el organismo.

Para el psicoanálisis es muy importante que existan y se divulguen todas estas teorías "científicas", ya que, mientras más trata la ciencia de explicar el comportamiento humano recurriendo al organismo y a la naturaleza, más adquiere el psicoanálisis un lugar específico en el discurso de la ciencia. Mientras que la ciencia forcluye al sujeto, es decir, rechaza radicalmente su subjetividad y su dimensión psíquica, el psicoanálisis le da un lugar a su palabra: a lo que piensa, lo que siente, lo que dice, todo aquello por lo que ha de responder como sujeto; y a sus deseos! La ética del psicoanálisis es una ética del deseo, es decir, de darle un lugar a los deseos -inconscientes- del sujeto.

Entonces, si el discurso del psicoanálisis es el reverso del discurso de la ciencia, lo es en la medida en que el psicoanálisis no reduce el ser humano al organismo, sino que cuenta con que su «realidad psíquica» está ordenada, organizada y establecida por el lenguaje. El ser humano es un ser de lenguaje; el lenguaje es el que determina su existencia como sujeto y el que determina toda su realidad, una realidad hecha de símbolos -simbólica-. Por eso, mientras la ciencia desprecia al sujeto que habla, el psicoanálisis le da lugar a su palabra, a su subjetividad.

Hernando Bernal

sábado, 12 de noviembre de 2011

Lectura - Alarma en la aldea global.


La sociedad contemporánea atraviesa, desde mediados del siglo XX, por una serie de cambios intempestivos, sin precedentes, y para los cuales, al parecer, no esta aún preparada. Los avances de la ciencia y la tecnología van a gran velocidad, en respuesta, a su vez, a las exigencias de una economía de mercado que se ha impuesto en todo el mundo, sin medir sus consecuencias: por ejemplo,el hecho de que haya cada vez más y en todo el planeta, mayor injusticia social.

Los ideales tradicionales, los grandes ideales universales, que aseguraban una mayor continuidad en los estilos de vida, ya no sirven para guiar y coartar a los seres humanos, sino que, más bien, estos parecen encontrarse más libres que nunca para elegir sus propios valores y estilos de vida y hacer, en última instancia, lo que les venga en gana, bajo la égida de un individualismo rampante.

No se puede afirmar que los cambios producidos por el desarrollo de la ciencia y la tecnología hayan aportado una mayor felicidad, ni que hayan liberado al hombre de sus «patologías», sobretodo aquellas que afectan a las comunidades y a la convivencia; al contrario, la segregación, el terrorismo, el secuestro, el sectarismo y el fanatismo parecen haberse exacerbado en todo el mundo. Ha surgido un nuevo malestar en la cultura, que se manifiesta también en la aparición, a gran escala, de epidemias globales, tales como las toxicomanías, en su diversidad y gradación; la anorexia y extrañas formas compulsivas del comportamiento; los maltratos y la violencia intra y extrafamiliar, etc.

Todo esto debe ser motivo de alarma para todos, al convertirse, dicho malestar, en una amenaza para los vínculos sociales. Las respuestas a la proliferación de este tipo de problemas oscilan entre la represión y criminalización, haciendo de los Estados entes cada vez más policivos, y la comprensión e irresponsabilización de las personas concernidas en ellos, lo que conduce a una insensatez generalizada que hace caótica la vida en comunidad. ¿Son estas respuestas valederas? Es para meditarlo.
 

jueves, 10 de noviembre de 2011

Lectura -Confiar en lo imposible

ÓSCAR VENTURA Asistimos, con la entrada en la pubertad del siglo XXI, a la mayor crisis de confianza que se tenga noticia, no tanto por la expectativa catastrófica que despierta en muchos. Sabemos, de una manera u otra, que en toda crisis suele verse bascular el estado de ánimo y con bastante frecuencia hacia lo peor. Bien en la intimidad de cada sujeto, como en lo colectivo, pueden constatarse sus efectos angustiantes. Pero esta no es la novedad.

Lo realmente interesante y que al mismo tiempo se convierte en una causa mayor de inquietud social para la civilización contemporánea, es que al contrario que en las crisis del siglo XX, donde todavía la creencia en los semblantes de autoridad posibilitaban resolverlas y eran una fuente de confianza, sucede hoy en día que esas figuras de la confianza están fragmentadas de tal manera que se vuelve muy difícil tanto localizarlas como brindarles confianza alguna. La gente ha abandonado la confianza en el otro, no se siente representada. Aunque los ciudadanos de las democracias occidentales sigan utilizando el voto como recurso de una dignidad posible, están habitados por una profunda increencia que vuelve a las sociedades inestables, imprevisibles. Hoy por hoy, Europa lo experimenta en carne propia.

Las buenas formas de la autoridad, esas que permiten el pacto y al mismo tiempo vuelven fructíferas las diferencias, no sólo están devaluadas sino que lo más probable es que estemos siendo partícipes de su extinción.

La economía es uno de los ejemplos más cercanos por su crudeza y el más sencillo de entender, porque sus efectos, hoy en día, pueden verificarse de una forma directa en la proximidad de cualquiera. Les puedo asegurar que los psicoanalistas somos testigos privilegiados de la cuestión.

A la decadencia generalizada de los referentes simbólicos de la autoridad por los cuales las sociedades se orientan, o se orientaban, se suma la esterilidad de la gestión política, también generalizada, hay que decirlo. La ineficacia de la política europea para regular las sociedades en sus aspectos más fundamentales es una realidad que no se reduce a un país o a una región en particular. La ausencia masiva de ideas, la debilidad intelectual, un pragmatismo empecinado más en la repetición y en el protocolo que en la audacia del pensamiento y en la reflexión, vuelven impotente el acto político. Seguramente que entre otros, estos son los rasgos contemporáneos de esa gestión empresarial que todavía se llama política, sierva de las estructuras del mercado y atrapada en la paradoja de sus propios actos destinados, supuestamente, a estabilizar las cosas. Y lo que observamos que ocurre es que cuanto más el discurso de la política pretende recuperar la confianza perdida, más vacila la confianza y más efímera se vuelve.
Lo pudimos observar de una forma amplificada en el transcurso de esta semana. En unas pocas horas, Europa se deslizó de un supuesto pacto de estabilidad que recuperaría la confianza de los mercados a una incertidumbre que dejó KO a los circuitos financieros. Esta vez fue el acto del presidente Papandreu convocando a los ciudadanos a un plebiscito para que se pronuncien por la forma -si es fuera o dentro de Europa- en que Grecia va a gestionar su pobreza y su desamparo durante los próximos 30 años, lo que añadió al día de Halloween la cuota de terror necesaria para confirmar una vez más que vivimos en una época en la cual lo único que dura, que se perpetua en el tiempo, parece ser la inestabilidad permanente. Una suerte de angustia generalizada.

Habrá sin duda que aprender a vivir con ello y esto no es sencillo, sobre todo cuando en la perspectiva lo que se percibe es una nebulosa respecto a lo que podría ser el desenlace de estas nuevas formas de crisis. El mundo de hoy ya no responde a las viejas consignas cualquiera sea el lugar ideológico donde ellas se inscriben.

No hay fórmulas universales. Europa vuelve a inclinarse en sus viejos síntomas como respuesta y empuja a forzar una homogenización cuando ni siquiera existe una subjetivación suficiente de las diferencias. De ahí al desencadenamiento de fenómenos de segregación masivos hay una línea muy sutil.

Hay que encontrar las buenas fórmulas sin duda. Los presagios de un futuro de incertidumbre absoluta suelen ser solidarios con la puesta en acto de todo tipo de fundamentalismos, incluido el económico. Es necesario estar advertidos de ello. La verdadera apuesta ética tal vez consista en reconocer el punto de imposible al que se ha arribado. Cuando lo imposible se reconoce, la incertidumbre puede tomar entonces la buena forma de la invención política.

Lectura -Fernández Blanco: «La obligación de ser feliz causa depresión» El psicólogo clínico intervino ayer en la Real Academia de Medicina Rodri García a coruña / la voz 6/10/2011


«Tengo las mejores referencias tuyas». Con estas palabras recibía anoche José Carro Otero, presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia, a Manuel Fernández Blanco, psicólogo clínico de la unidad de salud mental infanto-juvenil del Chuac, que habló en dicha institución sobre La depresión en el siglo XXI. «Es el primer psicoanalista que ocupa este estrado», decía en la presentación del conferenciante Luis Ferrer i Balsebre, recordando que Fernández Blanco es columnista de la sección de opinión de La Voz de Galicia y contertulio en V Televisión.

«La depresión se ha anunciado como la enfermedad del siglo XXI, la principal causa de invalidez a partir del 2020», explicaba antes de su conferencia en un salón prácticamente lleno de público. La situación de esta enfermedad ha cambiado, ya que «antes estaba ligada a un conflicto, a los sentimientos de culpabilidad, cuando alguien hacía o pensaba algo que hacía en contradicción con sus propios valores». Ahora «esto no es así, entre otras cosas por el declive de los valores y por la permisividad de los goces». Por este motivo, Fernández Blanco sostiene que «se ha instalado en la civilización el deber de ser feliz y esto ha provocado una cierta culpabilidad cuando no se logra y un imperativo de lograrlo a cualquier precio».

Sostiene el psicólogo que lo que ha pasado al primer plano es «la intolerabilidad del sufrimiento, un sufrimiento que muchas veces y de modo demasiado generalizado y prematuro se medica». En este sentido apunta un dato: «El 25 % de las mujeres españolas están medicadas con antidepresivos y el 30 % con ansiolíticos; en el caso de los hombres las proporciones son menores, pero en cualquier caso son unos índices enormes que implican una respuesta a través del fármaco de manera generalizada». También argumenta que no toda persona que se medica tiene un problema clínico, «asistimos en gran medida a lo intolerable de los problemas cotidianos, del dolor de existir normal y por lo tanto muchas veces el recurso es inmediato al fármaco, porque se tolera mal cualquier contratiempo». Ante esto concluye que sería prescindible mucha de esa medicación.

Otro aspecto que destacó Fernández Blanco es que, en algunos casos, «la depresión es la enfermedad de la renuncia a la verdad, a la verdad más íntima de cada uno, y esa renuncia se paga en depresión, en tristeza».

Y concluyó afirmando que «la depresión en el siglo XXI está fundamentalmente derivada de un imperativo de gozar a cualquier precio».
«El 25 % de las mujeres españolas están medicadas con antidepresivos y el 30 % con ansiolíticos»
Manuel Fernández Blanco

domingo, 6 de noviembre de 2011

Lectura - SALIDAS DEL DISCURSO CAPITALISTA

Patricio Alvarez 

El problema general que intento interrogar es: cuál debe ser la posición del analista ante el discurso capitalista? En Televisión, Lacan da una respuesta inequívoca: “el psicoanálisis es la salida del discurso capitalista”. Para desarrollar esta respuesta, ubicaré la posición del analista ante los objetos producidos por la conjunción entre la ciencia y el discurso capitalista, que Lacan llamó sucesivamente en su obra: fetiche de la mercancía, letosas, y gadgets. 

Podemos ubicar tres momentos del diálogo de Lacan con Marx, y cómo define a los productos del discurso capitalista:
- entre el Seminario 4 y 6 define al fetiche de la mercancía en relación al falo,
- en el Seminario 17, las letosas en relación al objeto a
- en el Seminario 20 y La Tercera, los gadgets en relación al síntoma.
Las letosas:
En el Seminario 13, Lacan planteaba dos características de la ciencia: que no quiere saber nada de la verdad como causa al modo de una forclusión, y que sutura la división del sujeto. Más adelante dirá que la ciencia forcluye al sujeto. 

En el Seminario 16, a partir de la homología entre la plusvalía marxista y el objeto a, crea la noción de plus de goce. Marx define a la plusvalía como la parte del trabajo del obrero que el capitalista roba para acumular su capital, ya sea en la forma de tierras o máquinas. Lacan dice que la plusvalía marxista es equivalente al objeto a: dado que por el lenguaje el sujeto ha perdido acceso al goce absoluto, el plus de goce consiste en una recuperación de algo de ese goce perdido, es el poco de goce que el sujeto recupera mediante su fantasma. Lacan dice que plus de goce y plusvalía no son una simple analogía: son equivalentes por estructura en lo real, y si lo son, es por lo que llama Lacan la absolutización del mercado.
La absolutización del mercado debe entenderse como la generalización de la producción de sujetos enteramente alcanzados por el discurso capitalista. Esta absolutización implica un efecto: el plus de goce es tomado por el mercado, utilizado económicamente al modo de la plusvalía. De hecho, dice Lacan que el plus de goce es la condición estructural para que en el discurso capitalista aparezca la plusvalía. 

Este concepto, el plus de gozar, es lo que en el Seminario 17 le permite construir el concepto de letosas. Las define como: “los pequeños objetos a minúscula que se encontrará ahí, sobre el asfalto en cada rincón de la calle, esa profusión de objetos hechos para causar su deseo, en la medida en que ahora es la ciencia quien lo gobierna”. Dado que la ciencia gobierna el deseo, las letosas logran situarse en el lugar de la causa del deseo. La ciencia se apropia de todos los elementos que constituyen la subjetividad moderna.
J.-A.Miller en Los paradigmas del goce, plantea que con la construcción de los discursos, al quedar el objeto a incluido en el discurso, se puede ampliar la lista de los objetos a: si los objetos lacanianos eran sólo cuatro, ahora puede incluirse en esta lista todos los objetos producidos por la cultura y por la ciencia. Lacan incluye entonces a las letosas en esa lista porque permiten una recuperación de goce del mismo modo que lo hace el fantasma. Pero la diferencia entre el objeto fantasmático y las letosas,
es que las letosas se multiplican y son masificantes. Lacan las sitúa como objetos universalizables, y de hecho todos los ejemplos que da de ellas son los mass-media, las comunicaciones espaciales, la radio, la televisión, la voz de Hitler en los medios de propaganda nazi, etc. 

Las letosas entonces, tienen dos características fundamentales: la recuperación de goce que permiten, que es equivalente a la del fantasma, y su valor masificante. 

Podríamos a partir de esto, situar una hipótesis a verificar: si es posible para los ideólogos del capitalismo hablar del fin de las ideologías, es justamente porque a diferencia del amo antiguo, el capitalismo no necesita sostenerse de los ideales, dado que se sostiene de algo que tiene mucho más poder: el discurso capitalista se sostiene de la recuperación de un goce para todos, de un goce globalizado, a través de las letosas. 

Ahora bien, volviendo a la pregunta inicial: cuál debe ser la posición del psicoanalista ante el capitalismo y su producto, las letosas? Lacan da dos indicaciones: primero, dice que el psicoanalista, en su acto, debe ponerse en relación con la mismísima letosa. Segunda indicación, más fuerte aún: el psicoanalista debe ocupar el lugar de la letosa. 

Dice Lacan: “para estar en la posición de la letosa, es preciso haber cernido verdaderamente que es imposible”. Conocemos la afirmación, hecha en este Seminario, de que el analista debe ubicarse como semblante del objeto a en el discurso analítico, pero esta frase dice algo más: por ubicarse en el lugar de la letosa, el analista debe soportar ser un objeto más del mercado, ofrecerse como objeto del intercambio capitalista. Esta equivalencia es la que le permitirá la salida del discurso capitalista: a partir de un consentimiento a la posición de deshecho de ese discurso, la estafa psicoanalítica consiste en que el analista se ubica en el envés del amo moderno.
Los gadgets: 

En Aún y en La tercera, Lacan da un paso más en relación al discurso de la ciencia, llamando ahora gadgets a sus objetos.
En la Tercera, Lacan se vale de los nudos para ubicar los goces. El plus de goce se ubica en el centro del nudo, es decir que todo goce es una recuperación de goce. Los demás goces: goce fálico, goce del sentido y goce del Otro, se conectan con el plus de goce pero son éxtimos a él. Con los gadgets, Lacan localiza el goce del objeto de la ciencia en un lugar diferente: si las letosas se ubicaban en el lugar del plus de goce, los gadgets ahora se ubican colmando el goce del Otro. 

El goce del Otro es definido por Lacan por tres características. Una: es un goce parasexuado, es decir, un goce que queda al lado del Otro pero nunca lo toca. Es el goce de la mujer supuesta para el hombre, y del hombre supuesto por la mujer. Dos: se ubica por fuera de lo simbólico, en la intersección entre imaginario y real, es decir, que no pasa por la palabra. Y tres: que no existe, porque el Otro no existe. Por lo tanto se inventa. Existen tres modos de inventarlo: las estructuras clínicas, la palabra de amor, y la ciencia.
Cómo se hace existir el goce del Otro? De tres modos posibles:
- Las estructuras clínicas: el paranoico hace existir el goce del Otro en su delirio, el perverso se hace instrumento del goce del Otro, y el neurótico construye un Otro gozador en su fantasma.
- El amor: es otro modo de inventarlo. El amor suple la no relación sexual haciendo ficción del Otro, y de eso da testimonio la palabra de amor. 

- La ciencia: otro modo de inventarlo, quizás el más efectivo. La ciencia produce sus objetos en una relación directa al goce del Otro, sin pasar por la palabra, por lo que logra eludir el registro simbólico y por lo tanto la castración. Por esa razón la ciencia es incompatible con el amor.
En La Tercera Lacan dice que los gadgets son el único modo de colmar este goce del Otro. Y agrega otro rasgo: que taponan la ausencia de relación sexual. 

Si el síntoma es la respuesta real ante la no relación sexual, y está en la intersección entre simbólico y real, la ciencia se ubica en el lugar opuesto, entre real e imaginario, suministrando un objeto que intenta ir al lugar del síntoma y reemplazarlo. El goce del Otro da una respuesta a la ausencia de la relación sexual diferente a la del síntoma, e intenta sustituirlo. 

Si las letosas tenían una función masificante, podríamos hacer la hipótesis de que los gadgets tienen una función singular: suministran un modo de goce singular para cada sujeto, no universalizable, y en ese sentido se homologan al síntoma. Por eso dice Lacan: “el porvenir del psicoanálisis es algo que depende de lo que advendrá de ese real, a saber, depende de que los gadgets verdaderamente se nos impongan, de que lleguemos nosotros mismos a estar animados por los gadgets. Debo decir que esto me parece poco probable. No lograremos hacer que el gadget no sea un síntoma, porque por ahora lo es de la manera más obvia.” Si el gadget puede tener, por ahora, función de síntoma, es porque tienen algo en común. 

Será función del analista hacer valer el lugar del síntoma, separando el goce del Otro del goce del síntoma.
E. Laurent, en Uso y goce del síntoma, dice que La Tercera es el texto donde Lacan ubica más precisamente el porvenir del psicoanálisis, dándole como única oportunidad la posibilidad que tenga el analista de llevar la cura al punto donde, luego de aislar el goce del Otro del goce del síntoma, pueda llegar a domesticar ese goce. En la medida en que el analista aísla el goce del síntoma, es posible pensar el fin de análisis como la salida del discurso capitalista. 

Mail del autor: alvx@ciudad.com.ar 

Bibliografía:
Lacan, Jacques:
- Radiofonía y Televisión. “Televisión”. Buenos Aires, Ed. Anagrama, 1977.
- Seminario 17, El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires, Ed. Paidós, 1992.
- Seminario 16, De un Otro al otro. Inédito.
- Seminario 20, Aún. Buenos Aires, Ed. Paidos, 1991
- Intervenciones y textos 2. “La Tercera”. Buenos Aires, Ed. Manantial, 1991.
Miller, Jacques-Alain:
- El lenguaje aparato de goce. “Los paradigmas del goce”. Bs. Aires, Ed. Diva, 2001.
Laurent, Eric:
- Diversidad del síntoma. “Uso y goce del síntoma”. Buenos Aires, Ed. EOL, 1996.
J. Lacan, Seminario 13, clases 1 y 9. Inédito.
J. Lacan, Seminario 17, clase 11, Los surcos de la aletósfera, pag 174
J. Lacan, Seminario 17. Los surcos de la aletósfera, pág.171.
J. Lacan, Seminario 20, El amor y el significante, pág 20.

Lectura - La metamorfosis de la Ciencia en Técnica: el Discurso Capitalista

Jorge Alemán



I
El modo en que la crisis "sistémica" del capitalismo se despliega sobre el mundo muestra con claridad la ausencia de un Límite, un límite que haga barrera a la deriva financiera incontrolada. Nada funciona como punto de amarre; las naciones y sus agrupamientos, las instituciones mundiales, las medidas económicas que pretenden paliar la emergencia, de inmediato se reabsorben y se diluyen en los movimientos del Mercado. No aparece el lugar desde donde podría operar lo que Lacan denomina El Nombre del Padre y su efecto logrado: el punto de capitón. La hemorragia no se detiene, el efecto de autoridad simbólica que debe acompañar a la decisión tomada se destituye con facilidad y el "semblante" del Padre que garantice, al menos coyunturalmente, una sutura en la hemorragia no termina de emerger.
En suma, la autoridad simbólica, su credibilidad y la posible lectura retroactiva de lo sucedido, no encuentran el tiempo ni el lugar para ejercerse de modo eficaz. ¿Se llama a esto "crisis del capitalismo"? Por el contrario, nuestra afirmación es otra, es el propio Capitalismo el que es capaz de poner en crisis a todas las estructuras que hasta ahora venían simulando su regulación. 

II
En el llamado Discurso Capitalista, Lacan medita sobre un dispositivo donde el sujeto se ha convertido en un ente que no depende de nada, sólo está allí para que se conecten los lugares y, precisamente, al ser el capitalismo la máquina que conecta todos los lugares, el corte es imposible. Por ello, las autoridades simbólicas, instancias que exigen tanto el lugar vacío como el significante amo que articula ese vacío a distintas representaciones, se licuan en el circuito de movimiento permanente y circular. La esencia del Discurso Capitalista es el rechazo de la modalidad "imposible" propia de la Castración. En este aspecto, aunque hablemos de crisis sistémica del capitalismo, debemos hacer una salvedad importante al respecto, el Discurso Capitalista carece de crisis porque no tiene reverso y su movimiento (al igual que la pulsión) no conoce las estaciones. Por ello, la crisis es la de aquellos organismos e instituciones que administran al capitalismo, al no saber qué hacer con el excedente que siempre sobrevive destruyendo al aparato productivo y se expande como un exceso ingobernable. 

III
El sujeto del Discurso Capitalista realiza todo el tiempo su propia voluntad de satisfacción, en un circuito, que como hemos dicho, no está "cortado" por ninguna imposibilidad, pues su propósito es que todo lo que "es" en el mundo se presente como mercancía.
Desde esta perspectiva, que indudablemente no es la única, el Discurso Capitalista no es una experiencia humana, la experiencia humana brota siempre de un fondo de imposibilidad, su condición primera es la falla, el límite, la castración. En el Discurso Capitalista, como en su día en los totalitarismos modernos, se encuentra en una forma implícita el proyecto de producir un sujeto nuevo, sin legado histórico ni herencia simbólica. Este "sujeto capitalista" tributario de nada que no sea colaborar con la voluntad acéfala que realiza, se caracteriza entonces por no tener en cuenta consecuencia alguna. Autopropulsándose desde si, de un modo inmanente y conectado, en principio se presenta sin que se pueda pensar su exterior. ¿Es esto un régimen inhumano, un discurso inhumano? Sí, si consideramos que lo humano es siempre hijo enfermo e incurable de la falla, de la castración, de lo imposible. No, si se considera que la historia de lo humano-occidental y su mundialización, ha sido producir un más allá de su Límite, un goce mortífero que excediera a la propia constitución simbólica, aún estando involucrado en la misma. 

IV
El Discurso Capitalista es el dispositivo pertinente para considerar la economía de goce propia de la Técnica. Pero para captar el alcance de la homologación entre Técnica y Discurso Capitalista, es necesario en primer lugar establecer la diferencia entre el sentido moderno de la Ciencia y lo que aquí llamamos Técnica. 

V
En uno de sus grandes seminarios, en "¿Qué significa pensar?" (Was heibt denken? 1951) Heidegger presenta el siguiente axioma: "La Ciencia no piensa". Este axioma no habla ya de la ciencia moderna fundada en Descartes y Galileo, aunque esa sea su génesis, más bien describe una metamorfosis radical, algo que desde el interior de la Ciencia Moderna rebasa y cancela su Límite. Es lo que permitiría afirmar que ya no hay más Ciencia en el sentido moderno, o que la misma, de un modo tendencial, es lentamente transformada en su "espectro técnico". 

VI
Con la misma orientación que Heidegger capta el momento histórico de la Ciencia Moderna mostrando en el mismo, el surgimiento del nihilismo, la época que vuelve todo intercambiable, equivalente, evaluable, calculable, Lacan en sus meditaciones da un paso más. Al estudiar el modo en que la Ciencia es una "ideología de la supresión del sujeto" se abre a distintas consideraciones epocales sobre los efectos directos, propios de la homogeneización llevada a cabo por el discurso de la Ciencia. A saber: el aumento del odio racista, que siempre considera al Otro o bien como un goce subdesarrollado o bien como portador de un exceso de goce maligno. Por esta razón, Lacan capta en el Campo de Concentración el punto de fuga de las sociedades contemporáneas. Mientras hubo
un tiempo en la enseñanza de Lacan, donde la Ciencia era semejante al discurso Histérico, por su capacidad para producir saber con la verdad oculta para el sujeto, tiempo después Lacan anticipa, reconociendo los "nuevos impasses crecientes de la civilización" una nueva torsión de la Ciencia donde el Saber se anuda en la pulsión de muerte. 

VII
Del axioma "La Ciencia no piensa", Heidegger, aunque no lo haga expresamente así ni esta sea su terminología, deriva estos tres teoremas:
La ciencia moderna se funda en la esencia de la técnica.
Pero la esencia de la técnica no es algo técnico.
La esencia de la técnica no es una hechura meramente humana, como si pudiera dominarse con una mera superioridad y soberanía humana, acompañada de la debida disposición moral.
Estos tres teoremas dan cuenta del viraje de la Ciencia a la Técnica. El campo científico, en su estructura epistemológica, en las construcciones pertinentes de su objeto, debe presentar un Límite relativo al Saber que se propone elaborar. Cada Ciencia es un "saber de" esto o aquello. Es precisamente en relación a este Límite que el psicoanálisis puede constituir su campo teórico y clínico. El psicoanálisis no es una ciencia, no por un déficit epistemológico, si no porque se ocupa de una "materia" (distinta de la naturaleza y de la superestructura) que se estructura con la lengua y da lugar al sujeto del inconsciente. El sujeto del inconsciente es un "límite interno" de la ciencia, se sostiene en un espacio "extimo" (exterior e íntimo) en relación a la Ciencia, de tal manera que el sujeto es necesariamente rechazado para que funcionen adecuadamente las estrategias objetivantes de la Ciencia. La Ciencia Moderna existe, mientras el sujeto del lapsus, del sueño o del fantasma, se mantenga en "exclusión interna al discurso científico". 

VIII
La Técnica por el contrario no tiene sujeto. No hay, en el sentido de Heidegger, Técnica de tal o cual cosa. La Técnica no se reparte en Universidades, ni en campos de saber, ni construye objetos ni puede ser evaluada "técnicamente". Por el contrario, se trata de un ámbito de apropiación de los "saberes de", una apropiación al servicio de una Voluntad, que como afirma Heidegger, no puede dominarse ni con una mera "superioridad y soberanía humana" ni con ninguna entidad moral. A la Técnica ni siquiera la limita la guerra y su devastación. 

IX
La Técnica es un ámbito de apropiación que una vez que captura a los saberes de la Ciencia Moderna, los integra en un nuevo proyecto que se caracteriza por ser capaz de reunir en un mismo haz al sujeto cartesiano con la Voluntad de Poder nietzscheana realizando una amalgama sin precedentes: una voluntad acéfala y sin límite. 

X
La Técnica es la introducción de lo "ilimitado". Mientras la Ciencia tenía como Límite aquello que necesitaba excluir para lograr su propia constitución como ámbito, la Técnica ni incluye ni excluye, ni se refiere al Límite alguno. Introduciendo lo "ilimitado" en la escena del mundo, el mundo se vuelve el lugar donde los saberes y prácticas se convierten en campos de maniobra de la Técnica. 

XI
Se ha producido tal amalgama entre el sujeto del cogito y la Voluntad de Poder que esta ya no puede ser regulada. Heidegger emplea la palabra alemana Ge-Stell traducible como "estructura de emplazamiento", al ser el dispositivo que precisamente emplaza a todo "lo que es" a que se disponga, o que esté en vías de volverse disponible, como imagen de lo ilimitado. Tal como lo señala Heidegger en el 38, ya no hay imagen del mundo porque es el mundo el que ha devenido imagen. 

XII
Si se ingresa en una época donde ilimitado modula la era de la civilización, ¿en qué secuencia histórica tuvo lugar esta metamorfosis de la Ciencia? ¿Cuál fue el primer signo donde la Técnica irrumpe en el paisaje histórico de la Ciencia Moderna? La Técnica no se refiere, como ya hemos dicho, a la mera producción o reproducción de objetos o instrumentos, es una "ontología del ser" en la época de su olvido consumado, "el olvido del olvido", o si se quiere el olvido como forclusión en su sentido lacaniano. Esta provocación dirigida al ser de lo ente para que entregue hasta lo más íntimo y nuclear de la propia vida humana tuvo su primera emergencia moderna en la Shoah. O tal como lo dice Heidegger, siendo él mismo partícipe de la infamia, "la fabricación de cadáveres". La fabricación de cadáveres, en su planificación burocrática y serial, es la operación a través de la cual la Voluntad ilimitada hace su ingreso en el mundo. La expresión "solución final" no expresa un Límite, por el contrario hace referencia al acto que por su carácter ilimitado no puede participar de la Historia. Por lo mismo es único, porque se puede repetir en cualquier instante. No se sabe aún si la humanidad puede reponerse de semejante ingreso de lo ilimitado. En cualquier caso, es necesario señalar que la "solución final" no se ejerce en función de la guerra, pues la misma desborda la dimensión utilitaria de la lógica militar. No se hace para ganar guerra alguna, por el contrario, se hace la guerra como pretexto en función del "triunfo de la Voluntad", en su requerimiento técnico. 

XIII
Mientras la Ciencia padece el retorno de lo reprimido en sus momentos de dislocación, rupturas epistemológicas, emergencias de nuevas invenciones,
nuevos paradigmas incomprendidos, etc. La Técnica sólo promueve el retorno de lo forcluído en lo Real. En la Técnica no se trata del "olvido del ser" y sus diferentes retornos, ya que al constituir la misma un "olvido del olvido" funciona en una lógica distinta de la represión. Por esta misma razón, el Discurso Capitalista en su homología estructural con la Técnica, realiza un circuito que al destruir la "determinación de la verdad" elimina la distancia entre el sujeto, la verdad, el saber y la producción, inaugurando una metamorfosis en red de carácter rizomático, que impide y obstaculiza la estabilidad y reconocimiento de las categorías modernas. 

XIV
La Técnica no es un hecho histórico o una secuencia que vendría a continuación de la Ciencia, al modo de una consumación macabra de la misma. Es un empuje, un Drang que impulsa a la Ciencia hacia el dispositivo del Discurso Capitalista de modo tendencial. Y a la vez, recíprocamente, es la manera en que el Capital se apropia para su propio fin del espacio -Verdad, Sujeto, Producción, Saber- destruyendo su Límite. No hubo primero Ciencia seguida después cronológicamente por la Técnica. En la Ciencia Moderna ha estado desde su propia constitución la invocación técnica. De esta situación puede surgir una hipótesis: tal vez el despliegue bélico industrial alcanzado a través de la Ciencia Moderna fue el que preparó las condiciones para que la "voz y la mirada", objetos perdidos de modo inicial, se incorporaran al artilugio científico para preparar su metamorfosis técnica.

XV
La alianza entre neurociencias, cognitivismo e industrias farmacológicas, constituyen parte de la nueva "logística" del emplazamiento técnico. Gracias a sus construcciones metafísicas, soportadas en las técnicas de imaginería informática, el ser del ente es provocado para que se represente como un ente, un ente que explique a través del funcionamiento cerebral los imperativos morales, la ética o su ausencia, el amor, las intenciones implícitas, los actos inconfesables, e incluso aquello que el Derecho no puede localizar en la declaración del acusado. Es lo que el neurobiólogo Changeux denomina una "fisiología del sentido", un proyecto de sumergir y subsumir todas las determinaciones de la subjetividad en las operaciones epigenéticas del cerebro.
Esta alianza estratégica esencial al proyecto técnico y su política, donde lo "no descubierto aún" siempre esta por llegar en el futuro ilimitado establece que al ser lo determina o bien la naturaleza (cerebro – genes) o bien la superestructura (modos, hábitos, marcas, nuevas conductas sociales, estilos de vida, etc.). Esas determinaciones exigen siempre una unidad entre el cerebro y el entorno garantizadas, según los casos, o bien por la "epigénesis" o bien por la "plasticidad neuronal". De lo que se trata en esta logística es de borrar la "infraestructura", "el más peligroso de los bienes", la Lengua, eso que hace de cada uno un enfermo
singular donde se cruzan el sexo, la muerte y la palabra en una escritura cuya superficie de inscripción es el inconsciente y no el cerebro. 

XVI
La experiencia mortal, sexuada y parlante se vuelve en la civilización técnica un sentimiento en gran medida determinado por el odio, como hemos dicho anteriormente, odio al goce subdesarrollado del Otro, odio al propio modo de gozar en silencio. A esto mismo nos referimos cuando en la época de la civilización técnica hablamos de la "pobreza de la experiencia". 

XVII
La fuerza material de la Técnica se hace sentir en todo su alcance en la mitología científica actual y su campo de maniobras: máquinas militares introducidas en el cerebro, fármacos que destruyen la capacidad intelectual del enemigo, interrogatorios a detenidos con un escáner que puede mostrar la "verdad objetiva" o la "intención implícita no dicha", prótesis cerebrales que transformarán al soldado en cyborg, interfaz entre cerebro y máquina, conexión de todos los cerebros a un sistema central y corporativo, cerebros estropeados por el estrés, el pánico, la depresión o la hipermotilidad, cerebros atrapados en una red en la que ya no pueden estar a la altura de sus funciones, etc. Éstas son las distintas presentaciones de la logística contemporánea.
Así las cosas, tanto la Técnica como el Discurso Capitalista, se presentan como un Saber Absoluto, como un fin de la Historia consumado. Como si el carácter inevitablemente contingente del capitalismo en su realidad histórica hubiese podido ser naturalizado y "esencializado" de tal modo que ya no fuese posible concebir su exterior. 

XVIII
¿A través de qué significante nuevo se puede apuntar a un Real imposible de dominar e integrar por la Técnica capitalista? ¿En qué espacio inédito ese significante propuesto por el psicoanálisis puede volverse un acontecimiento político? ¿De qué modo el psicoanálisis puede mostrar que, en los diversos impasses del siglo XX con respecto a la salida del capitalismo, aún persiste un saber en reserva y a descifrar? 

Bibliografía
• Heidegger, Martín: ¿Qué significa pensar? Editorial: Trotta.
• Alemán, Jorge y Larriera, Sergio: Lacan: Heidegger. Editorial: Miguel Gómez.

Lectura - LA FELICIDAD, UN OBJETO DE CONSUMO

 Por Araceli Fuentes (Madrid) En: http://www.blogelp.com/index.php?s=desposesi%F3n
08:30:45, por Redactor-FMA Spanish (ES)
 Psicofarmacia empresarial

Vicente Verdú nos cuenta en EL PAÍS ("Píldoras para ser feliz en el trabajo", 9-2-2006) que una empresa francesa, Verizan, ha instalado la primera máquina expendedora de píldoras para mejorar el rendimiento en los horarios de trabajo. Por un módico precio, unos céntimos de euro, cualquier trabajador puede ser feliz y al mismo tiempo, pues es de eso de lo que se trata, rendir más en su jornada laboral. Preparados para aliviar la depresión a través de los efectos de omega 4, 5 o 6, un muestrario de ansiolíticos para combatir la ansiedad o el estrés y otro de estimulantes para vencer el agotamiento y la desgana, están al alcance de la mano del que quiera tomarlos. Por este artículo también nos enteramos de que esta "psicofarmacia empresarial" se ha instalado ya en estaciones de servicio, gasolineras y aeropuertos de algunas partes del mundo. 

La tiranía de los objetos
"Consumir, producir, consumir más para producir más", este es el circuito infernal del discurso capitalista. Bajo el imperativo ¡producir! ¡consumir! el sujeto moderno se encuentra encerrado en un circuito que gira en redondo, el de la oferta y la demanda, un circuito que excluye el deseo, y en el que el sujeto moderno se pierde, se desorienta. Lo que nos abruma, no es tanto el peso de los ideales, hoy fragmentados, sino la tiranía de los objetos. Objetos que encuentran su lugar en la subjetividad en la medida en que de algún modo realizan los fantasmas de los sujetos. 

¡Comprar la felicidad!
En este discurso el lazo social entre hombres y mujeres se deshace en provecho de la relación con los objetos de consumo. El único lazo que nos propone no es otro que la pareja del sujeto con el objeto. Cada uno con su píldora de la felicidad, no hay que ir a buscar la felicidad en el amor, en la relación con los otros, porque uno mismo la puede comprar, ¡qué idea! ¡Comprar la felicidad!, Sin tener que pasar por las engorrosas relaciones con los demás, sin tener que hablar y encima obteniendo a la vez un mejor rendimiento laboral. !Qué idea! 

¡Todos proletarios!
Lacan, en 1974, propone la fórmula: “Todos proletarios”. Todos proletarios en la medida en que, en este discurso, los individuos no tienen nada para hacer lazo social con el otro, pues cada uno estaría solo y rodeado de sus objetos de goce. Curiosamente y en contra de lo que podríamos creer, dada la proliferación de objetos que nos ofrece el mercado para consumir, el capitalismo no es una cultura del goce sino una cultura de la falta de goce, como ya puso de manifiesto Max Weber en su análisis sobre el origen del capitalismo en relación con el ascetismo protestante. No se debe confundir la idea marxista de que el capitalista quiere la plusvalía, con la idea de que el capitalista sería un gozador.
Nunca es suficiente
Lacan hace una lectura de Marx según la cual, Marx, al haber aislado la plusvalía como objeto que le han robado al explotado y éste tiene que recuperar, convierte la plusvalía en el objeto causa de deseo del explotado, el explotado desearía recuperar lo que le han robado: la plusvalía. Cuando la plusvalía se convierte en causa de deseo, que es lo que ocurre en el discurso capitalista, entonces, dice Lacan, todos somos proletarios, la insatisfacción se extiende, se produce una desposesión generalizada. El proletario generalizado está solo, fuera del lazo social y esto conlleva necesariamente el aumento de la insatisfacción producida por el imperativo: ¡Nunca es suficiente! 

¿Cómo escapar?
El “nunca es suficiente” lleva necesariamente a la insatisfacción, y es en esta lógica en la que “las píldoras de la felicidad” encuentran su lugar, no dejan de ser otro objeto más del mercado para tratar la infelicidad y la insatisfacción que genera la lógica del mercado. Conclusión a modo de pregunta: ¿cómo podemos escapar a esta lógica?
Araceli Fuentes (Madrid)

Lectura - EL DISCURSO CAPITALISTA Y LA GUERRA EN EL SIGLO XXI Un dolor que ya no puede ser regulado


Por Jorge Aleman * 

1. Hay un solo malestar en la civilización: el discurso capitalista. 2. Todas las civilizaciones o culturas fueron ya definitivamente alcanzadas por su movimiento circular, sin corte, sin imposibilidad. En todas arraiga la técnica y la modalidad de goce que ella organiza; en todas partes se muestran los efectos del “rechazo de la castración” que este discurso conlleva. 3. El discurso capitalista ha mundializado el objeto técnico (y su participación directa en el terror organizado), pero no ha derivado hacia una “civilización política mundial”; el fortalecimiento de las identidades religiosas, culturales, nacionales (aunque ya sea siempre bajo una forma paródica) no efectúa ningún corte en el Uno del capitalista sino que lo reafirma. 4. El fenómeno de lo nacional, de lo religioso, del choque de civilizaciones que ciertamente se presenta, encubre en sus formas que la subjetividad se capta a sí misma como absoluta y que quiere mandar sobre la verdad, destruyéndola y expulsando así la imposibilidad. Esta subjetividad absoluta es un continuo, que establece un juego mutuo entre militarización del mundo, no temer perder la vida volviéndose el amo absoluto, tráfico de drogas, armas, ejércitos paramilitares, bandas de saqueo, guerras civiles sin nominar, estados superpoliciales, capital financiero y terror... Destrucciones todas de la “elección forzada” concerniente al sujeto del inconsciente. 5. La época de la técnica, mejor definida en su alcance real por Lacan, como discurso capitalista, es un rechazo de la imposibilidad. Donde se expulsa la imposibilidad rige la relación Uno: Todo, sin posibilidad de descompletamiento. En otros términos, la voluntad se desencadena en el mundo sin nada que la limite, sin nada que la divida en su verdad. 6. Así, por ahora, no hay víctimas ni dolor universal y, entonces, cada cultura elabora el dolor exclusivo de sus seres sacrificados. 7. El discurso capitalista en su movimiento circular no es eterno, sus vueltas no constituyen un sin fin. Según Lacan, en cada vuelta el discurso capitalista marcha hacia su consunción; el acabamiento cada vez se acerca más, pero no al modo de una solución dialéctica. 8. Este acabamiento toma la forma actual de un dolor que se extiende en su sobremedida a escala planetaria y que ya no puede ser regulado por ninguna de las ficciones políticas conocidas. 9. Por ello, las oposiciones ricos-pobres, imperialismo-pueblo oprimido, Occidente-Oriente, Norte-Sur, Civilización-Barbarie, existen y son eficaces en su realidad, pero se deconstruyen de inmediato si se adopta la perspectiva del discurso capitalista. 10. Cada una de estas oposiciones no puede ser sólo captada bajo su forma meramente conflictual (la que llama entonces a una resolución dialéctica). Los términos que aparecen en principio como opuestos desde el punto de vista del significante, las oposiciones simbólicas del tipo Civilización-Barbarie, no constituyen, desde lo real del discurso capitalista, una relación entre términos exteriores el uno del otro. La Civilización no es el elemento exterior a la Barbarie ni viceversa. Cada término con respecto al otro mantiene una relación de extimidad. En las redes simbólicas de la civilización capitalista, el empuje al terror de la Barbarie no es la Cosa exterior sino su “exterioridad íntima”. Pero esto no debe anular, sin más, el problema de dichas oposiciones. Se debe incluir la dimensión de imposibilidad que les devuelva su alcance ético. 11. La imposibilidad que el discurso capitalista ha expulsado no puede ser restituida por los muertos que una cultura infringe sobre otra. 12. Actualmente no se puede concebir qué tipo de imposibilidad se podría introducir en el discurso capitalista, salvo que se imagine un “significante nuevo”, que es aún impensable y que por tanto sólo evoca una epifanía. Pero la historia de las religiones indica que es imposible que suceda una epifanía universal. De allí el anhelo hölderliniano proferido en el corazón de la locura y tantas veces comentado: “Sólo un Dios puede salvarnos”, el que ahora encarna su versión catastrófica en lo real. 13. Occidente, al ser la civilización en donde el discurso capitalista, encontró las condiciones más adecuadas para su emergencia, podría haber sido también el lugar donde la imposibilidad, el corte, el desacuerdo, hubiese encontrado su formulación histórica. Esta vertiente se aleja definitivamente cuando se verifica que el “asunto marxista” no constituye corte alguno (la salida del capitalismo permanece por ahora innominada en forma indefinida). A su vez, las opciones de corte e imposibilidad propiamente europeas mueren todas en la Shoah, auténtica desaparición de Europa como mundo de posibilidades nuevas. Queda por ver si Latinoamérica, (a la que Huntington no incluye en la civilización occidental), desde su fragilidad permanente, pueda aún decir algo, a pesar de la derrota política de su proyecto. 14. No hay forma de introducir un desacuerdo en el discurso capitalista porque su esencia no es económica ni técnica sino de plusvalía de goce. En este aspecto la conformación cultural actual del Islam, en la medida en que ha incorporado la técnica sin experimentar las impasses del sujeto de la Ciencia y por tanto del Inconsciente, ni siquiera puede soñar con un corte en el discurso capitalista. Su incorporación al mismo es absoluta. 15. Las guerras que vienen no objetan al capitalismo sino que discuten su modo de habitarlo.
* Psicoanalista argentino radicado en España. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.


jueves, 3 de noviembre de 2011

Lectura


Los baby teachers: hijos del neoliberalismo
 Por: Carlos Fajardo
Le Monde Diplomatique
Edición Colombia
Octubre 30 de 2011

La ideología del neoliberalismo crea y reproduce los elementos que sustentan esta fase del capitalismo. En la estructura intelectual de esta etapa voraz del capital ofician los profesionales encargados de que funcionen bien los engranajes de la religión del mercado.

Hijos del neoliberalismo –en realidad, neoconservadores–, han sido educados para obedecer, aceptar y aplicar las ordenanzas de un capitalismo mordaz. Alabar y no rechazar son sus eslóganes. Con tales actitudes, aspiran a fortalecer los regímenes antes que a mostrar sus debilidades. Son los nuevos técnicos del pensamiento. Alfabetizados en las tecnologías, han hecho de éstas un tótem supremo desde el cual creen conocer en profundidad el mundo, la realidad del mismo. Despolitizados, des-socializados, individualistas y tecnócratas, se estremecen ante la palabra confrontación. Seguidores del pensamiento utensiliar, son monaguillos que vuelven culto los reglamentos autoritarios de la educación. Son los baby teachers de las universidades: eficaces, eficientes, autómatas bilingües, “todo terreno”, choferes de las tecnologías. Gestionan sin queja la dictadura normativa de las llamadas investigaciones universitarias. Hijos del neoliberalismo, baby teachers de las instituciones.
En Colombia hay grandes laboratorios que los producen en serie y se reproducen exponencialmente. Todos han egresado de universidades que debieron sufrir el azote de la Ley 30, que no sólo impulsó una agresiva privatización sino que además las ahogó en su misma sustancia al obligarlas a llevar un plan acelerado de acreditación acorde a las exigencias del mercado global. Como consecuencia, se desmontaron currículos, se ajustaron los planes de estudio a nefastos objetivos, y se desterró todo proyecto de una pedagogía crítica y renovadora.

En varios aspectos, los discursos doctrinales, religiosos, moralistas y políticos de esta primera década del siglo XXI se asemejan a los de la llamada Regeneración de la República Conservadora impuesta en el país desde 1880 hasta 1930: servidumbre hacendaria y partidista, maniqueísmos religiosos y morales, conservadurismo, ideología imperial y papal, controles a la educación, censura camuflada, obstáculos a la modernidad crítico-creativa, centralismo intelectual, rechazo a la autonomía del intelectual disidente. Las pocas conquistas de autonomía universitaria, docente, estudiantil e intelectual, lograda de los 60 a mediados de los 80, fueron diluyéndose y cambiándose por una adaptación servicial e integrada al “nuevo orden global”. La consolidación de la economía de mercado, del poder de los medios masivos de comunicación, de las tecnologías digitales; la urbanización y la inmigración masiva, la privatización en serie y en serio, la banalización de la cultura, son algunos contextos en los cuales se desarrolló y se llevó a cabo el pensamiento neoconservador de última hora. Como consecuencia, observamos el paso de los intelectuales críticos a los baby teachers “todo terreno”, adaptados al son que les toquen. 

Desde aproximadamente 1990, un cambio radical impacta en las estructuras universitarias. Todos sus estamentos han sido lentamente transformados. El neoliberalismo atrapó las libertades colectivas e individuales que todavía eran posibles en las instituciones tanto públicas como privadas. Así, los profesores, los estudiantes y los intelectuales entraron en un espacio de mayor control. Se impuso un lenguaje administrativo y ecónomo. Con ello se pasó de una activa reflexión a la sumisión de la gestión. Entonces, conceptos como eficiencia, eficacia, competitividad, flexibilización, administración e insumos comenzaron a formar parte del lenguaje de los ámbitos educativos. Como resultado, tenemos un nuevo tipo de intelectual: el docente eficiente con lenguaje ecónomo. El denominado “relevo generacional”, es decir, jóvenes profesores que reemplazan a los viejos intelectuales de vanguardia crítica, y el nombramiento de economistas y administradores en los mandos medios de dirección académica garantizan las reformas curriculares acordes con las demandas neoliberales. Golpe bajo al trabajo crítico y humanista; ganancia para el trabajo administrativo. Burócratas contra intelectuales. 

De manera que la Universidad se adapta a las exigencias del mercado, edificando el llamado por algunos teóricos “capitalismo académico”: una “universidad emprendedora”, lo que quiere decir subordinada a la mercantilización de sus componentes. El “capitalismo académico”, impuesto como política central por los países de élite, asume la educación como industria, fábrica, businnes university. La Universidad queda reducida a un bazar de servicios educativos, y de bienes simbólicos y culturales, con clientes y accionistas (los estudiantes), con obreros y asalariados (los profesores), con productos (los resultados de las investigaciones, los saberes y conocimientos) y gerentes ecónomos, administradores (directivas). En este bazar universitario, a los logros académicos de los profesores se les evalúa o controla en forma cuantitativa, es decir, por la cantidad de productos de investigación, publicaciones, cátedras, participación en eventos. Al profesorado se le trata como a un insumo, un objeto consumible y consumidor. Las lógicas de la comercialización de la eficacia y de las competencias de rentabilidad dominan el territorio.

¿Dónde está la autonomía crítica del docente intelectual? Los baby teachers dan la respuesta: son cosas del pasado, dicen; peticiones de una historia muerta, enterrada. En su lenguaje dan un no a la memoria y un sí al ahorismo consumible, adaptado. La instrucción y la formación de docentes que hacen de la tecnocracia algo plenipotenciario, o bien que asumen la modernización tecnológica, impuesta desde arriba, con preocupante ingenuidad, es una de las más grandes heridas en el corazón de la academia. Ante la reflexión, se propone la gestión; frente al debate político y cultural, se irrumpe con una relajación pragmática; contra una actitud de confrontación y diferencia, se establece una postura de adaptación, aceptación y confort académico. Es la mercadización de lo social, de lo educativo, donde triunfan las dinámicas de lo administrativo, del gerencialismo. En esta forma, la paranoia, la autocensura y el conformismo se reivindican en estos escenarios empresariales de hipervigilancia y control competitivo. 

El ascenso del pensamiento neoconservador y la globalización económica neoliberal ha contribuido a crear este tipo de docente universitario adaptado y adaptable. De modo que al joven docente le han otorgado un papel de legitimador político, cultural y moral de los regímenes hegemónicos. Atrás quedaron los tiempos del intelectual disidente, las posiciones libertarias. ¡Oh, baby teachers, bienvenidos al futuro!