¿Qué es el grupo operativo?
Es una técnica de intervención grupal de la psicología social, inspirada en el psicoanálisis, de aplicación terapéutica y preventiva. Fue creada en los años 40 del siglo XX por el psicoanalista y psicólogo social Enrique Pichón Rivière, tiene dos aspectos fundamentales, el aspecto manifiesto, explícito y el aspecto implícito o latente. El grupo operativo permite hacer consciente, lo inconsciente, o hacer explícito, lo implícito. Lo que lo diferencia de otras técnicas de trabajo grupal es que cuenta con la existencia de una dimensión latente de la vida grupal e interviene sobre ella, develándola. La tarea manifiesta es la más fácil de definir, porque coincide con los propósitos expresos del grupo; la dimensión latente de la tarea no es algo que se pueda definir de manera universal, sino que se debe interpretarla y está relacionada con el proceso de transformación subjetiva de los integrantes del grupo en el proceso grupal, con la transformación de sus esquemas referenciales, la construcción de una mutua representación interna de los integrantes y la construcción de un esquema referencial colectivo. En esta dimensión latente de la tarea se activan los procesos afectivos y se ponen en juego los goces y los síntomas individuales de los integrantes. El propósito de la técnica del grupo operativo no es eliminar la tarea latente, ni combatirla o subordinarla a la tarea manifiesta, sino contribuir a su observación y análisis permanente para contribuir a que el quehacer grupal sea más productivo y saludable y que los integrantes del grupo aprendan a reconocerla y a hacerse cargo de ella sin que derive en formas sintomáticas.
El grupo operativo nació en una situación crítica. Pichón trabajaba en el hospicio de las Mercedes, un hospital psiquiátrico de Buenos Aires. Un día cualquiera, la dirección del hospital retira el personal de enfermeros que atendía los pacientes a su cargo y estos quedan en estado de abandono. Gracias a esa medida nació esta técnica social, donde se hacía posible el tratamiento de los enfermos mentales por sus compañeros. Este primer grupo era un grupo de aprendizaje, pero también de apoyo para su auto gestión, la resolución de sus propias necesidades; la inclusión dentro del tratamiento de los grupos familiares permitió detectar los factores que determinaban la enfermedad, el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento.
Hay una segunda historia de la creación de los grupos operativos, una experiencia comunitaria de laboratorio social, realizada en la ciudad de Rosario, Argentina. Participaron aproximadamente 400 personas. Cada grupo contaba con un número aproximado de nueve integrantes. El tema en torno al cual se articuló la tarea fue la didáctica interdisciplinaria.
En el grupo operativo, el esclarecimiento, la comunicación, el aprendizaje y la resolución de tareas coinciden con la curación.
La función del coordinador consiste especialmente en crear, mantener y fomentar la comunicación, llegando al desarrollo progresivo a tomar la forma de una espiral, en la cual coinciden didáctica, aprendizaje, comunicación y operatividad.
El grupo operativo se define, pues, como un grupo centrado en la tarea según la experiencia en el Hospicio de las Mercedes, si se privilegia la versión de la “Experiencia Rosario”, se define más como la intervención en el escenario comunitario, los grupos interdisciplinarios, o los grupos de formación.
En ambos casos el coordinador se destituye del lugar del amo y del maestro, mediante la escucha y observación permanente del acontecer grupal, ayuda a superar las dificultades mediante intervenciones que apuntan a develar los obstáculos latentes. El coordinador es pertinente en la medida en que ayuda al grupo a superar sus obstáculos. El coordinador no hace parte de una educación bancaria caracterizada fundamentalmente por la posición pasiva del educando, sino de, una educación liberadora en la cual el educando es concebido como un agente activo que posee unos saberes y unos intereses previos. Una dimensión fundamental de la intervención terapéutica del coordinador es ayudarle al grupo a vencer los obstáculos que se oponen a la realización de la tarea. Estos obstáculos suelen manifestarse bajo la forma de la resistencia al cambio.
El dispositivo analítico y el grupo operativo cuentan con la existencia de lo inconsciente. El sujeto y el grupo, no son concebidos como realidades unitarias, consistentes y capaces de auto-conocerse, sino que son realidades contradictorias y conflictivas, en las que existe una dimensión a la que solamente es posible acceder por medio de un tercero, formado para ello.
Lo que tiene de subversivo el dispositivo analítico es que crea un escenario en el que no solamente se silencia el analista, sino también el yo del paciente y sus funciones psíquicas superiores, para que pueda emerger la verdad del sujeto del inconsciente. Esto es fundamental para entender que el mismo “yo” sufriente, que llega a pedir ayuda, se puede convertir luego en un obstáculo fundamental para el desarrollo del tratamiento.
La diferencia entre un grupo operativo y otros grupos centrados en la tarea, que no se fundamentan en el psicoanálisis, no es que el dispositivo pichoniano tiene tarea latente y los demás no la tienen, sino que en éste se cuenta con un instrumento para su observación y análisis. La dimensión latente de la vida grupal puede manifestarse como un síntoma, pero lo más frecuente es que emerja en alguno de los integrantes que, por su lugar en el grupo o por sus características personales está conectado de una manera más directa con esta dimensión de la vida grupal. Al integrante del grupo que cumple esta función Pichón lo llama “el portavoz” y al contenido de lo que denuncia se le denomina “lo emergente”. Los rendimientos teóricos que el autor cosechó de la investigación psicosocial en los grupos operativos, lo sistematizó en lo que llamó su ECRO: esquema conceptual referencial y operativo.
El hallazgo fundamental que arrojó la investigación de Pichón con la metodología de grupos operativos es la potencia patológica y terapéutica de los grupos humanos, el poder terapéutico de los grupos. La condición para activar esta potencia terapéutica es disponer de un marco teórico –el ECRO- que permita leer la vida latente de los grupos y que el grupo cuente con un coordinador que conozca la técnica adecuada para intervenir sobre ella. Es el grupo en tarea el que produce los efectos terapéuticos, no el terapeuta, que opera como facilitador.
No hay comentarios:
Publicar un comentario