jueves, 15 de septiembre de 2011

Lectura


¿POR QUÉ FREUD ES DE ACTUALIDAD?
      Héctor Gallo (*)


ABSTRACT
Este texto pretende mostrar en forma condensada algunos de los lineamientos a partir de los cuales es posible sostener en qué sentido puede afirmarse que Freud y su descubrimiento del inconsciente y la pulsión, continúan siendo de actualidad para reflexionar acerca de los problemas contemporáneos.

Uno de los juicios más difundidos en los círculos universitarios de nuestro país contra Freud y el psicoanálisis, es que se trata de un autor pasado de moda porque sus teorías, en tanto son el producto de una época para nada semejante a la nuestra, se han vuelto inoperantes para descifrar con sus conceptos los problemas propios del vínculo social contemporáneo.
Esta manera insípida de referirse a quien le dio vigencia epistemológica a los conceptos de inconsciente y pulsión de muerte, no tiene en cuenta que sin su descubrimiento es imposible comprender, por fuera de una aproximación exotérica, porqué la actividad psíquica de los seres humanos en la actualidad resulta llena de estupor, de "falsos éxitos", malentendidos que no se disuelven, pactos que fracasan, compromisos que se rompen, "encuentros ignorados" con supuestos seres trascendentales, viajes astrales fundados en el sentimiento imaginario del todo y dioses oscuros que incitan al sacrificio.
Este desesperante "más de lo mismo", que expone a hombres y mujeres a cualquier tipo de dominación, resume el texto de una vida en la actualidad. Frente al sufrimiento contenido en dicho texto, digamos que es Freud, quien "a pesar de las protestas que saludaron su entrada en el mundo del comercio de las ideas"(1), el que ofrece las respuestas que le permitieron ganarse el respeto de sus contemporáneos. Lo que se impuso "es que Freud no dice tonterías", a pesar de ser su discurso sobre el inconsciente "lo más contrario a toda coherencia" y a las directrices que el uso de la tecnología dentro de la ciencia contemporánea, quiere imprimirle al vínculo social.
¿Cómo se demuestra en la historia de las ideas que un autor no dice tonterías? Examinando el fundamento epistemológico de los conceptos que definen su edificio teórico y sometiéndolos a la prueba de una crítica sistemática, que tenga por condición metodológica partir de su misma composición formal. De un examen así planteado, son pocos los autores que salen bien librados. Sobrevive bastante
bien aquel privilegiado que se ajusta a exigencias que pueden ordenarse como sigue:
  Que los estudiosos de su obra le reconozcan una vigencia demostrada, menos a   partir del servicio prestado a las ideologías dominantes en su tiempo y en el   venidero, que a partir de la incidencia ejercida en la circulación epistemológica de las ideas.
  Que de la estructura lógica de lo que dice, emane una resistencia que   imposibilite la reducción de su obra a un saber enciclopédico propio de los   diccionarios, de los manuales de estudio universitario y de los libros de texto que profesores eminentes suelen elaborar para resumir a un autor de moda.
  Que del acercamiento de un investigador a sus postulados, salte lo imprevisto,   una verdad esquiva en otro momento, hecho que deja la agradable sensación de encontrar, a pesar del tiempo transcurrido, una fuente inagotable de saber a   inventar.
  Que en el transcurso de la confrontación epistémica, puedan aislarse hipótesis
  que a pesar de los avances verificados en el tiempo respecto al saber que   inauguró, se hayan convertido en tesis capaces de resistir al análisis y a la   crítica científica, como es el caso del inconsciente descubierto por Freud y   de la plusvalía formulada por Marx como el síntoma principal del capitalismo.
  Que de su discurso emane la capacidad intrínseca de desbaratar los argumentos
  de quienes se acercan para contradecirlo, dejándolos "irremediablemente   paralizados en una especie de procedimiento académico recursivo, conformista,   disfrazado"(2).
  Que tenga el mérito de ser capaz de hacer saber a sus contemporáneos y a los
  que posteriormente se han ocupado de su obra, lo que él tiene que ver, con   aquello que se instala en las distintas épocas en calidad de un real   inmanejable.
Sin esta última condición es imposible, desde el punto de vista del comercio de las ideas, mantener "esa especie de ascendente" que caracteriza, por ejemplo, a autores como Marx y Freud. Si de ninguno puede decirse que dejaron una obra llena de tonterías, es porque cada uno en su campo demostró estar a la altura de un discurso, en el cual si tantos seres humanos han encontrado una especie de apasionamiento, es porque se mantiene "lo más cerca posible de lo que se relaciona con el goce"(3) obsceno de la humanidad.

La tontería masificada
La tontería, más concretamente, lo que determina el hecho de que alguien se atreva a calificar a "fulano o a mengano" de tonto, se define en consecuencia por no poder decir o no lograr deducir, así sea de forma aproximada, qué tiene que ver ese supuesto tonto con las formas de goce propias de una comunidad. La tontería da cuenta de una inconsistencia en relación con el discurso, es un calificativo que se emplea cuando se quiere evidenciar ante un tercero que un sujeto se excluye como ciudadano de una parroquia, porque no demuestra contar con algo que al mismo tiempo lo distinga y lo haga parte de. Si resulta bastante difícil enamorarse de un sujeto que evidencia la tontería, es porque el amor se relaciona más con un divino detalle que se desprende del ser, que con un organismo que busca la satisfacción de sus necesidades.
El arsenal de libros de autoayuda que son exhibidos en las vitrinas de las librerías de nuestra ciudad y que son ofrecidos en los supermercados como parte de la canasta familiar, da cuenta dónde espera el ciudadano corriente encontrar la fórmula que solucione los enigmas de su existencia, la frase mágica que le sirva para conquistar el éxito, los consejos que le aseguren el amor y la estabilidad en sus relaciones de pareja.
La proliferación de la tontería ha llegado hasta tal punto que ya no solamente el hombre del común sino también algunos intelectuales, hablan con entusiasmo de las terapias alternativas, de los cuarzos, las velas de todos los colores, aguas florales, reencarnaciones, viajes astrales, ángeles que brotan de todos los rincones, apariciones de vírgenes y retornos desde el más allá.
Bajarle el tono al gran resplandor que la tontería alcanza en nuestro tiempo, es una obligación ética de los psicoanalistas que aún creemos en el inconsciente.
En este clima de sospecha mutua y de angustia en relación a nuestro porvenir como sociedad, el psicoanálisis propone una relación más cercana con la verdad de sí mismo, en lugar del divorcio y la falta de amor que nos asiste respecto a dicha verdad.
Lo que Freud combatió siempre es el no querer saber propio de la represión, por  eso nunca dejó de interrogar la subjetividad de su tiempo, además pronosticó  algunos dramas por venir y que sin duda hoy padecemos. La angustia del hombre se  incrementará a medida que la civilización progresa, fue la principal profecía  freudiana y es en la perspectiva de elaborar una respuesta a este afecto  misterioso que no deja de retornar en el vínculo social, que la clínica  psicoanalítica se configura como un quehacer con lo real inesperado. Este  quehacer ha de basarse en la serenidad y en la disponibilidad indispensable para  enfrentar lo que ocurre, en la adaptación del dispositivo a cada paciente, en la  exigencia de intervenir de tal forma que se produzcan efectos significativos  para el sujeto y en la disposición ética a no comprender precipitadamente lo que  pasa. Una disposición dialéctica como la enunciada, es lo que garantiza el  asentamiento de un saber y la actualidad de una clínica como la psicoanalítica,  siempre dispuesta a renovarse.

Citas
1 LACAN, Jacques. "El reverso del psicoanálisis". Libro 17. Buenos Aires:
Paidos, 1992. p. 75
2 Ibídem, p. 75
3 Ibídem, p. 75

(*) Héctor Gallo
Sociólogo de la Universidad Autónoma Latinoamericana, Magister en Psicoanálisis
de la Universidda Paris VIII, psicoanalista miembro de la AMP, Jefe del
Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de Antioquia.

Portada N°6
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